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Boletín No. 218 | Ciudad de México, 04 de noviembre de 2019.

El futuro depende de decisiones políticas para cerrar las brechas y lograr equilibrio entre lo social, lo ambiental y lo externo.

 

América Latina no es la región más pobre del mundo pero sí la más desigual pues nuestra estructura productiva es la gran fábrica de la desigualdad por lo que necesitamos un cambio estructural, y pactos entre el Estado, el mercado y la sociedad, comentó la doctora Alicia Bárcena durante su conferencia con motivo de su recién grado Honoris Causa, otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución integrante de la mesa directiva del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.
 
“La desigualdad es ineficiente, no solo éticamente reprobable. Así, la igualdad es un impulsor del desarrollo y un principio ético irreductible. ‘Crecer para igual e igualar para crecer’ es un planteamiento que se reconoce en la agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuyo primer objetivo es abatir la pobreza” dijo entonces la doctora Alicia Bárcenas.
 
De acuerdo con la también secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), hoy en día la región enfrenta tres grandes brechas: social, ambiental y económica. Aunque América Latina ha tenido avances al reducir la desigualdad gracias a las acciones de los gobiernos progresistas de Sudamérica en el año 2002; lo cierto es que ahora la productividad se redujo y eso impacta contradictoriamente la reducción de la pobreza, agregó Bárcenas.
 
“Requerimos una tasa de 4 por ciento para que realmente haya políticas de distribución de la riqueza mejores y políticas sociales para disminuir los índices de 29.6 por ciento de pobreza y 10 por ciento de pobreza extrema, respectivamente”, señaló.
 
Desde la CEPAL, agregó, se realizó un análisis estructural de la economía para poder delimitar escenarios que permitan contender con estas tres grandes crisis de nuestra época: económica, social y ambiental.
 
La competitividad auténtica se logra con cambios estructurales y progreso técnico, mientras que la competitividad espuria se basa en la explotación humana y de los recursos naturales.  Por tanto, “Necesitamos innovación, aumento en la productividad y la sostenibilidad ambiental”, dijo.
 
De acuerdo con los dato citados por ella, la estructura productiva solo permite una tasa de crecimiento con equilibrio externo muy pequeño por cada punto de crecimiento del centro (países más desarrollados). México podría crecer 1.2 y Sudamérica 0.7 no hay un balance entre exportaciones e importaciones y aunque las exportaciones de México a EUA han aumentado a un 6.2 por ciento esto no es suficiente para arrastrar el empleo.
 
“Hoy el centro es el gran ganador, su crecimiento deja poco espacio para que la periferia (los países menos desarrollados) puedan crecer. Estamos frente a un nuevo paradigma que debe apuntar a una convergencia de ingresos, al cierre de la brecha social con enfoque de derechos humanos, y respetar los límites del planeta pues el cambio climático es una amenaza física”, explicó.
 
En su mensaje político, la diplomática mexicana advirtió que el futuro depende de decisiones políticas para cerrar estas tres brechas y lograr equilibrio entre lo social, lo ambiental y lo externo necesitamos: una nueva economía política, un pacto global, una política industrial tecnológica que promueva la difusión, adaptación, y mejoras a veces de la tecnología del centro a veces de tecnología desarrollada en el país. Nuevos patrones de consumo, y una gobernanza internacional, sin ella, esto va a ser la ley de la selva. 
 
Pie de foto:
 América Latina no es la región más pobre del mundo pero sí la más desigual pues nuestra estructura productiva es la gran fábrica de la desigualdad por lo que necesitamos un cambio estructural. Foto: Internet.

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Mariana Dolores
Foro Consultivo