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Boletín No. 12 / Ciudad de México, 25 de enero de 2019.

Propone Roberto Mercadillo redes científicas multidisciplinarias para generar políticas públicas en el combate a la violencia.

La construcción de la paz como política pública debe basarse también en fundamentos neurobiológicos, en donde ciencias como: biología, medicina, psicología, etnología, antropología, neurología y otras ayuden a la comprensión de la relación entre las funciones del cerebro humano y entornos sociales de paz, dijo Roberto Mercadillo Caballero, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa, durante su charla Contribuciones desde la neurociencia social para el desarrollo de la cultura de paz en México.

“Hay que estudiar el cerebro, pero no de forma aislada, sino vinculado al cuerpo contenedor de la experiencia obtenida en su movilidad en el espacio social y para ello se requiere que la interpretación de la función cerebral provenga de muchas disciplinas”, dijo Roberto Mercadillo.

Hasta hace algunos años se consideraba que el comportamiento violento es parte de nuestra naturaleza como especie animal; sin embargo, en 1986 un grupo de científicos derribó esta idea que, por citar un ejemplo, fue usada como paradigma para justificar hechos violentos como la guerra, al constatar que la naturaleza biológica no determinaba que las conductas violentas resultaran inmutables. El documento científico conocido como el Manifiesto de Sevilla avala, por vez primera, la idea de que la paz es también un comportamiento.

La cultura de paz está contenida en los Objetivos para el Desarrollo Sustentable (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); de hecho, el número 16 de ellos está dedicado a: promover sociedades pacíficas e inclusivas, orientadas al desarrollo sostenible; proveer el acceso a la justicia para todos, y crear instituciones eficaces y responsables en todos los niveles.

Por su parte, y ya desde su creación a mediados del siglo XX, la ONU define la cultura de paz como: “una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos, buscando solucionar las causas de los problemas mediante el diálogo y la negociación”.

 

La Neurociencia social para entender cómo construir la paz

Esta disciplina plantea que el nivel de organización social de todas las especies gregarias, no solo la humana, influye en su naturaleza biológica (particularmente cerebral) y viceversa. Sin embargo, de acuerdo con el investigador de la UAM: “El reto es cómo podemos conocer los mecanismos por los cuales ciertos contextos culturales van a influir en este nivel de organización biológico-cerebral y viceversa”.

Recientemente, la relación entre neurociencias sociales y tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son una campo de estudio sobre la pulsión cerebral en vivo y de forma no invasiva en humanos, “otorgando el marco epistemológico para poder abordar de forma sencilla la relación cerebro-cultura”, concluyó el especialista.

Hoy en día, la Oficina de Información Científica y Tecnológica (INCYTU) del Foro Consultivo Científico y Tecnológico elabora un artículo dedicado a las oportunidades para que la ciencia contribuya a impulsar la cultura de paz en México. 

 

Pie de foto: La construcción de la paz, como política pública, debe tener fundamentos neurobiológicos en donde todas las ciencias: biología, medicina, psicología, etnología, antropología y neurología; ayuden a la comprensión de la relación entre el cerebro y la paz: Roberto Mercadillo. Imagen: Mariana Dolores.

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Mariana Dolores
Foro Consultivo