Inicio > revista forum > Forum 52. La prueba de que una patente valió la pena es cuando tiene uso comercial: Ricardo Chicurel

El 22 de octubre del año pasado, mientras Ricardo Chicurel Uziel trabajaba en su cubículo 307 del edificio 12 del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sonó el teléfono y contestó…del otro lado de la bocina se escuchó la voz del entonces secretario de Educación Pública, Otto Granados Roldán para darle la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Ciencias en la categoría de Tecnología, Innovación y Diseño. “Recuerdo que le dije al secretario: que bueno que estoy sentado porque de lo contrario, me hubiera caído de la emoción”, dijo entre risas el investigador de 88 años.

 

El Premio Nacional de Ciencias es el máximo galardón del gobierno federal para reconocer a quienes han contribuido al progreso de la ciencia, la tecnología, innovación y diseño a través de sus producciones, trabajos docentes, de investigación o de divulgación.

“Es una gran satisfacción, en ese momento pensé en todo lo que me ha costado tanto trabajo pero que al final, valió la pena”, comentó el doctor Chicurel, quien recordó que fue el Consejo Interno del Instituto de Ingeniería de la UNAM el que lo propuso como candidato al premio, y gracias al apoyo de la secretaría académica —en particular de la ingeniera Carolina Reyes—, fue que se reunieron todos los requisitos para participar y posteriormente ganar esta importante distinción.

 

De un niño travieso a un reconocido científico

El 19 de octubre de 1930 nació Ricardo Chicurel en la Ciudad de México, el menor de dos hermanos.

“Fui un niño muy travieso, recuerdo que mi hermano Enrique Jaime era el líder y yo su fiel seguidor. Hacíamos travesuras como aventar agua por la ventana a la gente que pasaba por la calle y cuando mi mamá se enteraba nos iba muy mal.

“Aunque era muy cercano con mi hermano a veces me enojaba con él, en una ocasión le aventé un florero de latón lleno de canicas, afortunadamente no le causé mucho daño”, confesó con una pequeña sonrisa.

A pesar de no fue un alumno que solo sacaba 10 de calificación, si disfrutaba aprender, sobre todo, después de haber tenido excelentes maestras en tercero y cuarto año de primaria, a quienes dijo, nunca olvidará. “Fueron un modelo en mi formación académica y me motivaron a estudiar a pesar de que era un niño travieso. Me enseñaron la gramática de una manera atractiva, y hoy en día todavía recuerdo esas reglas que han sido muy útiles, incluso, se las comparto a mis alumnos que tiene problemas de redacción”.

 

Su gusto por la ingeniería mecánica

El que su hermano Enrique Jaime estudiara ingeniería mecánica (y que también es investigador en el Instituto de Ingeniería) fue una influencia para que Ricardo siguiera sus pasos, sin embargo, el gusto por esta ciencia la descubrió a temprana edad.

“Recuerdo que en la infancia, muy cerca de mi casa había una máquina de pilotes, me pasaba las horas viendo cómo funcionaba.

En esa época también estaban las locomotoras de vapor, que era muy fácil de entender su funcionamiento. En la adolescencia tomé un curso de mecánica automotriz, en un lugar de Paseo de la Reforma que se llamaba Institución Modelo, era un changarrito que tenía motores seccionados y eso también me motivó, la electrónica era para mí un misterio”.

Ricardo Chicurel es ingeniero mecánico, egresado de la Universidad de Cornell, mientras que la maestría y el doctorado los cursó en la Universidad de Princeton, ambas instituciones en Estados Unidos.

“Al principio que me fui a estudiar sentía mucha nostalgia, recuerdo que inicié en septiembre y en diciembre que llegó el invierno y oscurecía temprano, me dio depresión y ya me quería regresar, pero me aguanté y finalmente me acostumbré”.
Al terminar la licenciatura, regresó a México y durante 3 años trabajó en las empresas Alcomex y General Electric.

“En General Electric fue donde conocí a mi ahora esposa Carmen Helbing, era la secretaría de mi jefe. Me casé con ella cuando estaba estudiando el doctorado en la Universidad de Princeton. Tengo 61 años de casado, 3 hijos (Edgar, Marina y Verónica) y 6 nietos”, dijo orgulloso el Premio Universidad Nacional 2013 en el área de innovación tecnológica y diseño industrial.

Al terminar el doctorado, durante 11 años laboró como profesor del Tecnológico de Virginia y de 1970 a la fecha es investigador titular en el Instituto de Ingeniería de la UNAM.

“Ya tengo 49 años de docente en la UNAM (Facultad de Ingeniería y también en el Posgrado) y me gusta mucho porque doy clases y tengo completa libertad para investigar.

“La UNAM es parte de mi vida, es una institución que tiene muchas cosas positivas, por ejemplo, el que me permita seguir trabajando a mi edad, pero también hay algunas que no me gustan tanto, como es la burocracia que a veces es un poco opresiva”, indicó.

 

Áreas de estudio

Actualmente, Ricardo Chicurel se desempeña como investigador titular “C” en el área de mecánica y energía del Instituto de Ingeniería, es participante activo del Posgrado, ha colaborado en un gran número de comités académicos y fue un reconocido consultor y asesor de diversas firmas tanto en México como en el extranjero.

Entre los principales méritos del científico se cuentan diversos e importantes desarrollos teóricos como el estudio de la deformación de los filamentos elásticos, la formulación teórica de elementos finitos espacio-tiempo, el comportamiento estructural de cascarones libres de flexión y el estudio de disipadores de energía sísmica por la flexión plástica de elementos estructurales, entre otros.

 

El perfil del docente e investigador

Para el doctor Chicurel, un buen docente es aquel que motiva a sus alumnos y predica con el ejemplo, los enseña a trabajar de forma independiente, tener iniciativa, motivación para aprender y contribuir en su profesionalización.

“Lo que siempre hago con mis alumnos es darles problemas, pero les digo: resuélvanlos como quieran, con su estilo, les doy libertad e independencia para que disfruten lo que hacen. Es muy apasionante poder razonar lo que uno hace y de eso se trata la ciencia y sobre todo la ingeniería”, consideró el miembro emérito de la Academia Nacional de Ingeniería.

Respecto al perfil de un investigador, dijo que debe seguir sus propias ideas, ya que algunos pierden el tiempo repitiendo lo que ya se hizo, mientras que lo importante es buscar lo nuevo, el desarrollo de ideas propias y novedosas con un proceso creativo.

Uno de los sellos de la trayectoria de Chicurel Uziel es la investigación en innovación y desarrollo tecnológico, porque “absolutamente esa es la esencia de la investigación y en una universidad no cabe el estar copiando algo. Las universidades nacieron para los pensadores”.

Actualmente tiene 6 patentes en las que es inventor único y 8 en las que hay 2 o más. Unas están registradas en México y otras en Estados Unidos. Entre sus desarrollos tecnológicos innovadores está la bomba de estrella, la cual se produjo industrialmente bajo un convenio de transferencia tecnológica para la iniciativa privada; otros son la bomba monopaleta, el motor rotatorio, el reductor cicloidal magnético, el desarrollo de los vehículos eléctricos de pasajeros VEUNAM y el Electrobús UNAM, con ellos se han puesto en marcha varios mecanismos innovadores, como el sistema hidroneumático de recuperación de energía en el frenado.

“Tenemos un minibús eléctrico que probamos en Chapultepec llevando pasajeros y después se regresó a la UNAM para brindar un servicio diario entre 2 edificios de la Facultad de Química, transportando maestros y alumnos”.

Otros desarrollos importantes son la bomba de rotor con movimiento de precesión y un sistema para eliminar el juego de engranes, así como varias mejoras en la operación de motores de combustión interna y de máquinas para el manejo de artículos de vidrio.

“Las patentes son importantes pero la prueba de que algo valió la pena es cuando ya tiene un uso comercial”, indicó el primer lugar del Premio Condumex en 1992.

 

La Triple Hélice

La Triple Hélice, conformada por gobierno, academia e industria es indispensable si se desea alcanzar el desarrollo del país. El especialista reconoció que en México la investigación aplicada es deficiente y falta mucho camino por recorrer. “Estamos importando prácticamente todo, cosas tan simples como un paraguas, creo que debemos canalizar los esfuerzos para crear cosas exportables y generar riqueza, deberíamos seguir los ejemplos de Corea del sur, Japón y China”.

 

Ciencia y presupuestos

El contar con presupuesto para apoyar el desarrollo científico y tecnológico es básico para alcanzar el crecimiento e independencia de la nación. Al respecto, el científico mexicano señaló que “falta mucho presupuesto y lo que me preocupa es el siguiente paso: la transferencia del conocimiento a la industria”.

El autor de más de 30 publicaciones arbitradas en revistas especializadas y más de 60 artículos en extenso agregó que hay muchas empresas de base tecnológica en México a pesar de que no es fácil emprender un proyecto de este tipo. Hizo hincapié en que las empresas que hacen innovación de calidad y de nivel internacional, el gobierno debería apoyarlas con incentivos, por ejemplo, que ofrezca sueldos a la gente desempleada con la condición de que trabajen en aquellas empresas con potencial y que carecen de recursos.

 

Un día ideal para Ricardo Chicurel

Al preguntarle cuál es su día ideal contestó: “A estas alturas no tener dolor en la columna ni en las rodillas y poder respirar bien porque tengo un problema de asma, eso es en lo personal, y como investigador es que los proyectos que tengo funcionen y puedan tener una aplicación comercial”.

Uno de sus pasatiempos favoritos es arreglar desperfectos en el hogar. “Siempre he sido de los que arreglan las cosas, me gusta utilizar las manos aunque cada vez puedo menos porque me tiemblan”, finalizó el miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.

 

Foto: Anayansin Inzunza.

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Anayansin Inzunza