Inicio > revista forum > Forum 50. Una mentira se comparte o retuitea hasta un 70 por ciento más que la información real

Más que combatir las “fake news” (noticias falsas) en Internet, lo que hay que hacer es mejorar la lectura del mundo a través de la red, ya que de acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), una falsedad o mentira se comparte o retuitea hasta un 70 por ciento más y a mayor velocidad que la información real, alertó Luis Roberto Castrillón Cue, titular de #ElEditordelaSemana, proyecto de combate a la desinformación y promoción de la alfabetización mediática.

 

“La desinformación tiene que ver con la creación de contenidos y mensajes que tiene un objetivo específico, no es azaroso, no ocurre por error (aunque podría pasar), tiene un objetivo específico a seguir, tiene una agenda. Los temas donde más se desvirtúa la información es la que tiene que ver con la administración pública, hablamos sobre las acciones de los gobiernos; política partidista, hablamos de los partidos políticos en los procesos electorales y, en la ciencia y tecnología, especialmente en el área de la salud”, explicó el periodista.

Aclaró que la desinformación no es una práctica nueva, y un ejemplo emblemático fue Napoleón Bonaparte, quien desvirtuaba información sobre sus avances y la manera en cómo gobernaba su imperio, a través de lo que hoy llamaríamos boletines, con información falsa o engañosa para su conveniencia.

El fact-checker (comprobador de hechos) comentó que no existen estadísticas de qué porcentaje de la información que está en Internet es fake news porque los contenidos aparecen y desaparecen, se borran sitios y se cancelan cuentas constantemente.

Pero… ¿cómo hacer una buena lectura informativa en Internet? La respuesta está en la alfabetización mediática, dijo Castrillón. “Los países con mejores niveles de educación y avances de conocimiento son los que mejor economía y calidad de vida tienen”.

En Italia se emitió una ley que obliga al Ministerio de Educación se imparta una materia en la educación media sobre alfabetización mediática y lo mismo ocurre ya en algunas escuelas de Estados Unidos que dan esta materia para concientizar a los jóvenes sobre la ética en el manejo de información y aquellos elementos que pueden influir en lo que se publica en la web.

 

¿Cómo identificar las fake news?

Una de las características de la desinformación es que lo expuesto es creíble porque generalmente se coloca en un contexto de algo que está ocurriendo, ocurrió o posiblemente ocurrirá. “No es un dato de carácter fantástico, como el anuncio de que mañana llegará un ovni y le disparará al planeta Tierra”, dijo el analista de social media y exdocente de la Universidad Autónoma de Yucatán y la Universidad Modelo.

Además, para atraer la atención del público utilizan titulares llamativos e imprecisos, lo que se conoce como “carnada”.

“Es completamente una violación ética y ontológica. Siempre será más honesto el tabloide que escribe un encabezado sensacionalista sobre un crimen, aun cuando pueda violar otros parámetros en términos de derechos humanos, pero es irónicamente más honesto al exponer gradualmente con palabras un hecho, mientras que el otro es impreciso para tratar de atraer lectores”, explicó el integrante del tour de medios Press Freedom and Media Literacy, auspiciado por el Centro de Prensa Extranjera de la Secretaría de Estado de Estados Unidos (2017).

Otra característica es que la información puede estar mal redactada y es engañosa. El experto puso como ejemplo un informe de gobierno que asegura un crecimiento de 3 puntos, pero que omite que se venía de un decrecimiento de menos 5 puntos, por lo que al final no hay crecimiento. “Es un discurso engañoso porque solo se te pone un año y no un ciclo donde puedas evaluarlo”.

El especialista dijo que la desinformación se ancla y encuentra un mejor espacio en aquello que es indignante y escandaloso. “Es el caldo de cultivo perfecto para que la desinformación se produzca porque lo indignante y escandaloso tiene que ver con nuestras emociones”.

 

Todos hacen Internet

Luis Castrillón consideró que el proyecto de Internet es el resultado de una investigación multidisciplinaria que se convirtió en el mejor sistema de comunicación, tanto técnico como tecnológico, que se ha creado a lo largo de la historia. Actualmente, existen sistemas de fácil operación para que el usuario suba información a la red, actividad que ya no es exclusiva del gobierno, instituciones especializadas, prensa y medios informativos o de entretenimiento, además de empresas con capacidad para desarrollar un sitio web.

“Todos subimos lo que queremos: información con causa, con la que coincidimos o rechazamos, y generalmente, como lo hacemos todos los seres humanos, la mayor parte del tiempo lo realizamos desde lo más subjetivo y muy pocas veces con argumentos y datos.

“Internet es un sistema de comunicación fantástico tecnológicamente hablando, en el que estamos interactuando la mitad de los seres humanos, cada uno con sus intereses particulares. Ahí están los gobiernos e instituciones, y los dispositivos que ahora son más eficientes para transmitir (en términos cuantitativos) toda esa información generada, que son los medios sociodigitales como Facebook, Twitter e Instagram, entre otros”.

Esta situación le ha quitado poder a la academia —generadora de conocimiento— y también a los periodistas —que publicaban otro tipo de conocimiento al revelar datos y exponer elementos—, que hace 20 o 30 años tenían el control de lo que se compartiría.

“De pronto el periodismo empezó a interesarse más en su negocio, en sus propias alianzas con los distintos sectores económicos, políticos e ideológicos, y los medios empezamos a perder la confianza de la audiencia y dejamos de hablar de lo que le interesaba a la gente, por eso se alejó de los medios tradicionales porque ya tenían otras opciones como Internet, donde además podían compartir información (hiperenlaces, fotos y videos)”, lamentó Castrillón, quién estudió un máster en comunicación audiovisual en la Universidad Internacional de Andalucía, España.

Consideró que es un momento de oportunidad muy bueno para que los medios informativos, los periodistas y comunicadores cierren filas y hagan una alianza mucho más estrecha con la academia y los generadores del conocimiento.

“La red se convirtió en un elemento de riesgo, una navaja de doble filo; por un lado, tenemos un cúmulo de conocimientos reunido pero también eso abre espacio a cualquier fuente de desinformación o de conocimiento desvirtuado o a saberes convencionales o populares que pueden ser aceptados por distintos sectores aunque no estén comprobados y sean perjudiciales, lo que puede causar confusión.

“Se está generado esta desinformación y es el momento ideal para que periodistas y academia podamos recuperar la confianza de la sociedad, demostrando que muchas de las cosas de la red son reales y que podemos probar con metodología rigurosa”, comentó Castrillón, certificado por el Centro Knight de Periodismo para las Américas de la Universidad de Austin en las áreas de: Narrativa multimedia, social media para periodistas, periodismo con telefonía móvil y crónica para Internet.

 

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Decálogo #ElEditordelaSemana

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Unión Europea y Facebook han elaborado decálogos para identificar fake news.

La mayoría enumeran los mismos parámetros, a los cuales en #ElEditordelaSemana rescata las más útiles en 11 puntos.

Se incrédulo: Duda de todo aquello publicado en Internet con lo que te sientas identificado o te parece que es “algo que definitivamente podría ocurrir”.

Reflexiona acerca de a quién le conviene que lo publicado sea creíble. ¿Te has fijado que la mayoría de esa información refiere asuntos de política partidista, corrientes ideológicas o religiosas?

Revisa la redacción, pero ve más allá de si está bien o mal escrito: Fíjate qué tratan de decirte, de qué tratan de convencerte. El hecho de estar pulcramente redactado no implica que sea cierto.

Pon atención a si lo señalado es demasiado obvio o está hipersimplificado lo que se te narra o explica. ¿Crees que la realidad es tan simple?

Revisa el sitio: ¿Quién lo hace? ¿están sus nombres completos? ¿tiene algún registro que lo certifique? ¿te deja clara cuál es su línea editorial? Te recomiendo revisar bien los nombres, porque el hecho de tenerlos ahí no quiere decir que las personas existan. Desconfía de los anónimos.

Copia párrafos al azar (si quieres tú puedes decir random cuando lo hagas) y búscalos luego en Google: contrasta la información, trata de ver qué tanto ha sido referida.

Checa que los declarantes, informantes o reporteros existan. En serio no sabes cuántos nombres se inventan los autores de las notas falsas… pero mucho cuidado, también recurren a nombres reales descontextualizando lo que las personas dicen o de plano inventándoles dichos que jamás han enunciado, pero que podrías creer porque son congruentes con la forma de ser del personaje.

Revisa lo que otros han publicado al respecto: Puedes estar frente a una versión editorializada de los hechos, o una interpretación sesgada que puedas entender porque es la agenda de quien lo publica… o de plano sea un vil invento.

Checa que haya evidencia. Si algo digo siempre como #ElEditordelaSemana es que la mejor nota, crónica, reportaje o incluso artículo de opinión es aquella que aporta más datos para explicar los hechos, o incluso sostener una hipótesis.

Mira bien la url del sitio… sí, la dirección que aparece en el browser. En muchas ocasiones usan el mismo nombre de un sitio reconocido, pero con distinto dominio.

y plus. Si la información te llegó vía Whatsapp desconfía por sistema (por default). No te creas nada de lo que dicen tus tíos, tu mamá, tu papá o tu pareja. Desconfía de tus compañeros de trabajo, del grupo de mamás y papás de la escuela, del club de juegos de video, del grupo de amigos de la prepa o la universidad, entre otros. Si quien envía la información no es testigo directo o está directamente involucrado en lo narrado, no creas nada.

 

Foto: Cortesía Luis Roberto Castrillón.

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Anayansin Inzunza