Escuchar a la ciencia es fundamental para la toma de decisiones, sin embargo, muchas veces ésta se pierde en el trayecto y no llega a las personas. ¿Cómo romper las brechas entre la ciencia y la política, entre los científicos y los tomadores de decisiones? El 15 de noviembre se realizó en las instalaciones del Foro Consultivo Científico y Tecnológico el taller Incidencia de la Ciencia en la Política, organizado por la Oficina de Información Científica y Tecnológica para el Congreso de la Unión (INCyTU).

 

El ejercicio académico surgió como resultado de la experiencia de los doctores Elisa Núñez y Orlando Santillán, investigadores de INCyTU, durante el curso Science Policy Summer Institute en la Universidad de Duke, en Estados Unidos.

“Una persona que se dedica a la diplomacia científica, no solamente tiene que conocer al menos un área de la ciencia, también tiene que saber cómo funciona la estructura política de nuestro país, cómo se toman las decisiones, cómo se hacen las leyes, y requiere de un conocimiento mucho más amplio en una serie de temas que uno no aprende en la escuela”, dijo el coordinador general del Foro Consultivo, José Franco.

De acuerdo con el doctor Franco, en la medida en que los expertos no se comuniquen con los tomadores de decisiones, habrá mucho conocimiento que no se utilice para resolver los problemas del país.

Al respecto, el doctor Miguel Rentería, excoordinador de INCyTU, explicó que aunque el proceso de políticas públicas para la ciencia es igual que para cualquier otro tema público, la ciencia no está en las prioridades de la agenda.

“La ciencia puede proveer evidencia para informar tanto a la legislación como a la implementación de programas de política pública, es preciso recordar que los científicos no necesariamente son imparciales, de hecho, en muchos temas se puede seleccionar evidencia para apoyar posiciones tanto a favor como en contra”, comentó Rentería.

 

La labor de los científicos

La doctora Elisa Núñez subrayó que de acuerdo con Roger A. Pielke Jr., “es más probable que se tomen buenas decisiones cuando se entienden los distintos roles que los expertos pueden tener al dar consejos científicos”, y explicó que son cuatro los roles que un científico podría tomar: El científico puro: no interactúa con los legisladores y solo brinda información por medio de publicaciones. El científico como árbitro de lo científico: el experto responde a preguntas específicas de los legisladores. El científico que aboga: trata de acotar el campo de acción del legislador y presenta los datos con un propósito específico, y el científico que actúa como un agente honesto: el experto amplia las opciones así como las posibles consecuencias que tiene el legislador para elegir.

“Se recomienda que los científicos estén conscientes del impacto de su participación y su responsabilidad relacionada con la autoridad como expertos, y al momento de dar información basada en evidencia científica consideren el consenso científico y no solo su opinión”, indicó Núñez.

Por su parte, el doctor Orlando Santillán concluyó que “es muy importante que los científicos se acerquen mucho más a los tomadores de decisiones y estén dispuestos a brindar el conocimiento, la información y el sustento para que la legislación o la regulación que se ejerce sobre la ciencia sea la más adecuada para el desarrollo del país”.

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Myriam Vidal
Foto: Myriam Vidal.